El bismuto bidimensional sobre un sustrato de silicio es un material prometedor para la electrónica del futuro. Sus bordes conducen la corriente sin pérdidas, como una autopista de alta velocidad sin semáforos. Pero el bismuto es delicado: el aire y la humedad deterioran rápidamente sus propiedades.
Los químicos encontraron una solución: colocaron el bismuto bajo una capa de grafeno, una resistente película de carbono de un átomo de espesor. Para ello, insertaron el bismuto entre el grafeno y el sustrato, y luego lo trataron con hidrógeno. Se obtuvieron islas ordenadas con bordes definidos. La espectroscopía confirmó que los estados de borde permanecieron dentro de la banda prohibida y no acumularon carga. El grafeno apenas afecta al bismuto, pero le sirve de armadura.
Este "sándwich" es una plataforma fiable para estudiar el efecto Hall cuántico de espín a altas temperaturas. En el futuro, podría conducir a una electrónica donde la información se transmita mediante los espines de los electrones casi sin pérdidas térmicas.
El grafeno es el material más delgado del mundo: un millón de capas de grafeno equivalen en grosor a un cabello humano.