Hasta ahora, la energía oscura se ha estudiado como el motor de un coche: solo por la velocidad alcanzada de la expansión del universo. A finales de los 90, Adam Riess, Saul Perlmutter y Brian Schmidt notaron que las supernovas lejanas se alejan cada vez más rápido, y descubrieron esta aceleración. Pero lo que hay dentro del motor sigue siendo un misterio.
El nuevo trabajo propone no mirar, sino escuchar. Un instrumento láser en la Luna, como un gigantesco estetoscopio, captará las vibraciones del espacio-tiempo del tamaño del horizonte del universo visible. Esto permitirá medir la «velocidad del sonido» de la energía oscura: qué tan rápido viajan las ondas a través de ella. Si resulta ser menor que la velocidad de la luz, muchas teorías tendrán que ser revisadas.
El método no solo refina la historia cósmica, sino que comprueba si se violan principios fundamentales como la causalidad. Puede asomarse a una región inexplorada y, quizás por primera vez, mostrar de qué está hecha realmente la energía oscura.
La energía oscura es el 68% de todo el contenido del universo, y su naturaleza es uno de los mayores misterios de la ciencia.
Los escritores de ciencia ficción han imaginado el «sonido del espacio»: en «Duna», la melange permitía sentir las curvaturas. El detector lunar, quizás por primera vez, nos permitirá escuchar la melodía real del cosmos.