Se describe rigurosamente el Gran Rebote cuántico para un Universo cerrado con un campo escalar y potencial ecpirótico. Se muestra la equivalencia de las parametrizaciones a través del factor de escala y el volumen. La analogía con la ecuación de Klein-Gordon permitió identificar dos escenarios: uno (como en la cosmología cuántica de bucles) con una flecha del tiempo fija pero con divergencia a altas energías; el segundo — con inversión del flujo temporal (ecpirótico), que funciona a todas las energías en primer orden. Así, la propia teoría cuántica de Wheeler-DeWitt puede eludir la singularidad, y al añadir correcciones se recupera el rebote propuesto por la escuela de Ashtekar.
Un resorte comprimido al máximo se rompe. Así, la teoría clásica de la gravedad lleva a una singularidad, el punto de ruptura de todas las leyes. La mecánica cuántica transforma ese final en un rebote elástico. Wheeler y DeWitt describieron el universo como una onda de probabilidad. El nuevo modelo aplica esto a un espacio cerrado como una pelota. Una energía, similar a un resorte incorporado, lo obliga a contraerse y expandirse.
Los físicos encontraron dos escenarios. El primero recuerda el flujo habitual del tiempo: expansión después de la contracción, como en algunos enfoques. Pero a altas energías, el resorte se 'atasca': los cálculos requieren ajustes.
El segundo escenario es elegante: Big Bang se convierte en el Gran Rebote, y el tiempo se invierte. Pasado y futuro intercambian lugares. El rebote funciona por sí solo, sin muletas.
El mundo cuántico suaviza las curvaturas del espacio-tiempo en la infancia del universo. La idea puede comprobarse mediante la radiación de fondo de microondas; quizás esconde patrones anulares de ondas gravitacionales.
🎯 Según uno de los escenarios, el universo surgió de la colisión de dos membranas tridimensionales en un espacio de más dimensiones.