El intestino habla con el médico, pero muy bajito. Los gruñidos y gorgoteos duran fracciones de segundo y se pierden fácilmente entre los sonidos de los pulmones y el corazón. El estetoscopio capta solo una pequeña parte, por lo que el diagnóstico depende de la experiencia y el oído del médico concreto. El sensor portátil SonicGuard, colocado en el abdomen, escucha de forma continua y registra cada susurro.
Luego entra en acción el algoritmo. Primero, encuentra en la grabación los momentos en que la energía del sonido aumenta bruscamente: son los candidatos a ruidos intestinales. Después, una red neuronal transformadora, entrenada con espectrogramas (imágenes que muestran cómo cambia la frecuencia del sonido con el tiempo), decide si realmente es un sonido intestinal o una interferencia. El modelo se entrenó con grabaciones anotadas manualmente de 40 personas y se probó con 43 nuevas.
Este enfoque le da al médico no un subjetivo "algo gruñe", sino una imagen objetiva de la actividad intestinal. Se pueden comparar grabaciones antes y después de comer, seguir la recuperación tras una operación o evaluar el efecto de los medicamentos. El sensor no se cansa ni se distrae: escucha el abdomen como ninguna persona podría hacerlo.
Los ruidos intestinales se llaman "borborigmos", de una palabra griega que imita el propio gruñido.
En la serie "Star Trek", el tricorder podía diagnosticar enfermedades a partir de los sonidos del cuerpo: SonicGuard da el primer paso en esa dirección.