Un aparato de resonancia magnética convencional es un imán enorme que no se puede mover de lugar y una computadora potente que convierte las señales del cuerpo en una imagen. En los últimos años han aparecido tomógrafos portátiles con campo más débil: son ligeros, baratos y pueden funcionar en un hospital de campaña o en una ambulancia. Pero tienen un problema con la parte computacional: el procesador integrado no da abasto con los algoritmos modernos que hacen que la imagen sea nítida.
Los ingenieros encontraron la solución: no llevar la computadora consigo, sino enviar los datos por red a la nube. El escáner transmite las señales crudas a un servidor remoto, que las procesa rápidamente y devuelve la imagen lista. Para probarlo, usaron tres tareas: reducción de ruido con una red neuronal, corrección de distorsiones causadas por el campo magnético débil y reconstrucción de la imagen con una trayectoria de lectura no estándar.
Este enfoque elimina las limitaciones y permite usar los algoritmos más avanzados incluso en equipos económicos. Un médico en una aldea remota obtiene una imagen procesada igual que en una clínica de la capital. Y el tomógrafo sigue siendo ligero y barato: todo el trabajo pesado se traslada al centro de datos.
Algunas resonancias magnéticas portátiles pesan menos de 10 kilogramos; se pueden transportar en el maletero de un automóvil.