Dentro de un imán hay regiones donde todos los miniimanes atómicos apuntan en la misma dirección. Entre esas regiones hay una estrecha zona de transición donde la dirección de la magnetización gira suavemente. Esa zona se denomina pared de dominio. Antes se la consideraba sin masa: la empujabas y se detenía al instante. Pero nuevos experimentos han demostrado que la pared tiene inercia. No puede acelerarse ni frenarse instantáneamente.
La inercia hace que la pared se parezca a una pelota pesada. Si la empujas con un campo magnético o con un flujo de electrones, rueda de manera distinta a una bolita ligera. Los científicos han construido un modelo en el que la pared tiene masa. Resulta que, con un empujón fuerte, se acelera más rápido que una normal. Y si se elimina la fricción, el movimiento se vuelve caótico, como el de un electrón en un cristal.
Este descubrimiento es útil para la memoria de cinta transportadora. Allí la información se almacena en la posición de las paredes de dominio, que corren a lo largo de un cable fino. Si las paredes se aceleran más rápido, los datos se pueden leer y escribir con mayor rapidez. Eso sí, el caos en ausencia de fricción es un desafío: hay que controlar el movimiento con precisión.
Así pues, la pared magnética no es solo una línea en el mapa de los campos magnéticos. Es un objeto masivo que se puede acelerar, como un trineo cuesta abajo. Cuanto mejor entendamos su inercia, más rápido funcionarán los futuros dispositivos de memoria.
Las paredes de dominio pueden moverse a velocidades de cientos de metros por segundo, pero debido a la inercia necesitan tiempo para alcanzar esa velocidad.