En una constelación donde nacen estrellas nuevas, una de ellas se comporta como una bombilla defectuosa: a veces brilla con intensidad constante y de repente se atenúa varias veces. Los astrónomos llevan varios años siguiendo a la estrella Gaia-GIC-1 y ahora entienden que su parpadeo es la sombra de una enorme nube de polvo que pasa frente a ella de vez en cuando. El polvo no es simple basura espacial, sino restos recientes: parece que hace poco dos planetas chocaron allí.
Cada 380 días la nube da una vuelta y vuelve a tapar la estrella. Los científicos midieron que hay mucho polvo: en masa, equivalente a un pequeño asteroide. Y no se dispersa, sino que se mantiene unido, como un terrón de barro lanzado a un estanque. Esto significa que los escombros aún no han tenido tiempo de dispersarse y siguen chocando entre sí, generando nuevas partículas.
Estas observaciones son un golpe de suerte. Normalmente vemos planetas ya formados, pero aquí estamos presenciando el proceso mismo de su ensamblaje. Quizás, dentro de millones de años, de este polvo se forme un nuevo planeta, como de la masa se hace un panecillo. Entonces la estrella dejará de parpadear.
La nube de polvo es tan densa que a veces oculta más de la mitad de la luz de la estrella, como si alguien tapara una linterna con la mano.