Los científicos descubrieron por qué las gotas de lluvia hacen saltar partículas de microplástico de la superficie del océano al aire. La clave está en cómo flotan esas partículas: si están poco sumergidas y tienen poca humectabilidad, la gota las expulsa fácilmente creando pequeñas salpicaduras. Imagina una pelota de tenis arrojada sobre una alfombra flotante: según sus propiedades, rebotará o se hundirá. ¿Podrá la lluvia llevar plástico hasta las nubes?
Sol inicia el ciclo del agua, y la lluvia la devuelve a la tierra. Pero ahora cada gota es un minúsculo martillo golpeando la superficie. Las partículas plásticas flotantes (microplásticos, principalmente carbono) saltan con el impacto, como granos de maíz palomero en una sartén. Pero en vez de reventar, se envuelven en una fina película de agua y se transforman en esferas ingrávidas. El viento las atrapa y las lleva a miles de kilómetros, desde los charcos urbanos hasta los glaciares de montaña. Las que más saltan son las partículas que rechazan el agua con furia: se elevan varios centímetros y pueden flotar en el aire.
Los científicos dedujeron una regla simple: la cantidad de plástico que entra en la atmósfera depende de la fuerza del golpe de la gota y de la 'hidrofobia' de las partículas. Esto ayuda a predecir qué respiramos tras un aguacero. El mismo mecanismo funciona cuando las gotas caen sobre la arena: así la lluvia erosiona las costas y transporta el suelo.
🎯 Las partículas de plástico que repelen el agua con fuerza pueden saltar varios centímetros y flotar en el aire como globitos en miniatura.