Físicos construyeron un modelo de partículas "magnéticas" que muestra cómo un agujero negro, al evaporarse, pierde y recupera información. El efecto se logra simplemente moviendo el límite del sistema, como una piel de zapa que se encoge y estira el entrelazamiento. Esto abre la puerta al estudio de las paradojas de la gravedad en un procesador cuántico. ¿Podrá un experimento de mesa revelar el misterio del destino de un libro caído en un agujero negro?
Un diario pierde páginas, pero la historia emigra al resto. Los agujeros negros actúan de forma similar: al encogerse (como demostró Stephen Hawking), la información tragada no debería desaparecer; eventualmente vuelve a aflorar. La teoría predice una curva específica de subida y bajada para este escape.
Unos físicos construyeron una versión en miniatura con dos cadenas de imanes diminutos: una para el agujero negro y la otra para el universo. Quitar imanes uno a uno de la cadena del "agujero negro" simuló la evaporación. Midieron la entropía —la información compartida— entre las cadenas, y el patrón encajó a la perfección.
En un punto de inflexión magnética preciso, como la aguja de una brújula que tiembla antes de girar, la información fluyó suavemente. Estas cadenas caben en las computadoras cuánticas actuales, convirtiéndolas en laboratorios para probar cómo el cosmos maneja sus registros.
🎯 La curva de Page fue propuesta por primera vez por el físico Don Page en 1993, quien apostó con Stephen Hawking a que la información no se pierde en los agujeros negros. Hawking admitió la apuesta en 2004.
🎬 En la película Interestelar, el protagonista envía un mensaje desde dentro de un agujero negro usando la gravedad, insinuando que la información puede escapar, un escenario que ahora se investiga con estos modelos de imanes cuánticos.