El agujero negro MAXI J1810-222 se comporta como una aspiradora gigante, pero con válvula de retención: atrae materia y parte de ella la expulsa de vuelta al espacio. Este "flujo inverso" —el viento estelar— ya lo habían notado los astrónomos, pero solo lo veían como una mancha borrosa en rayos X. Ahora ha acudido al rescate el espectrómetro RGS del satélite XMM-Newton. Este instrumento descompone la luz de rayos X por longitudes de onda igual que un prisma descompone la luz solar en un arcoíris. Y en ese arcoíris han aparecido nítidas bandas oscuras: huellas de la absorción de luz por átomos de hierro en el viento en movimiento.
La velocidad del viento resulta enorme: unos 30 000 kilómetros por segundo. Esto es una décima parte de la velocidad de la luz. Para comparar: la sonda más rápida de la humanidad, la Parker Solar Probe, vuela 200 veces más lento. Semejante velocidad no puede nacer solo del calentamiento del gas: hace falta una aceleración adicional. Lo más probable es que actúen campos magnéticos, enrollados alrededor del agujero negro como un muelle que se libera y empuja la materia hacia fuera.
Las nuevas observaciones confirman que el viento es real, no un error de medición. Pero ahora no parece un chorro estrecho, sino un flujo ancho con bordes difuminados. Esto significa que la materia no se escapa en un solo bloque, sino como una nube completa con distintas velocidades y temperaturas. Los científicos esperan que el futuro telescopio de rayos X japonés XRISM, con su detector ultrapreciso Resolve, muestre este viento con aún más detalle, y entonces quedará claro cómo los agujeros negros bombean masa y energía hacia sus galaxias.
El viento del agujero negro MAXI J1810-222 arrastra en un segundo tanta materia como pesa un asteroide pequeño: aproximadamente mil millones de toneladas.
En la serie 'Stargate Universe', la nave 'Destiny' se reposta de estrellas, pero aquí el agujero negro expulsa materia que podría servir de combustible para futuras sondas interestelares.