Cuando una estrella masiva explota, sus restos se dispersan como fragmentos de fuegos artificiales. Pero, ¿cómo saber a qué distancia de nosotros ocurrió tal explosión? Los astrónomos han encontrado un método: observan las nubes de gas con las que chocan estos restos.
La idea es simple. Alrededor de los restos de supernova suele haber nubes de gas molecular frío. Estas nubes se mueven a una velocidad determinada que se puede medir mediante la radiación del monóxido de carbono (CO). Si un resto de supernova interactúa con una de estas nubes, la distancia a la nube es la distancia al resto. Para conocer la distancia a la nube, los científicos utilizan mapas de absorción de luz por el polvo: a medida que nos alejamos, el polvo oscurece las estrellas, y a ciertas distancias se ven "escalones" en este patrón: saltos bruscos en la absorción. Si un escalón coincide con la posición de la nube, la distancia queda determinada.
Con este método se midieron las distancias a cuatro restos de supernova: G93.7−0.2, G109.1−1.0, G156.2+5.7 y G166.0+4.3. Los valores obtenidos van de 0,6 a 3,4 kiloparsecs (un kiloparsec equivale aproximadamente a 3260 años luz). Para comparar, la estrella más cercana a nosotros, Próxima Centauri, está a unos 1,3 parsecs, así que estos restos están realmente lejos. La precisión del nuevo método es del 4 al 8 por ciento, notablemente mejor que las estimaciones anteriores.
Este enfoque ayuda a comprender mejor cómo los restos de supernova interactúan con el gas circundante y cómo influyen en el nacimiento de nuevas estrellas. Las ondas de choque de las explosiones comprimen las nubes y pueden desencadenar su colapso, lo que lleva a la formación de nuevos astros.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2603.20881
Accurate distance measurements to supernova remnants (SNRs) are crucial for understanding their physical properties and evolution. We present a novel method that combines CO line observations with three-dimensional (3D) extinction maps to determine distances to SNRs (G93.7$$-$$0.2, G109.1$$-$$1.0, G156.2+5.7, and G166.0+4.3) through their associated molecular clouds. For each SNR, candidate CO velocity components corresponding to interacting molecular clouds are identified based on previous observational evidence with refinements: [$$-$$19, $$-$$3] km s$$^{-1}$$ for G93.7$$-$$0.2, [$$-$$51, $$-$$46] km s$$^{-1}$$ for G109.1$$-$$1.0, [$$-$$10, 0] km s$$^{-1}$$ for G156.2+5.7, and [$$-$$27, $$-$$15] km s$$^{-1}$$ for G166.0+4.3. By examining extinction-distance profiles along the sightlines and identifying extinction jumps that spatially coincide with CO emission features, we derive distances of 1.82$$\pm$$0.13 kpc for G93.7$$-$$0.2, 3.05$$\pm$$0.15 kpc for G109.1$$-$$1.0, 0.60$$\pm$$0.15 kpc for G156.2+5.7, and 3.44$$\pm$$0.23 kpc for G166.0+4.3. Our extinction-based distances are largely consistent with previous estimates while with better accuracy and robustness.
Los restos de supernova pueden expandirse a velocidades de varios miles de kilómetros por segundo: más rápido que cualquier nave espacial creada por el ser humano.
En la novela de Arthur C. Clarke "Cita con Rama" se mencionan los restos de supernova como posibles fuentes de peligro para los viajes interestelares, pero en realidad más bien ayudan a que nazcan nuevas estrellas.