En un líquido de espín, los átomos imán no se congelan: sus agujas magnéticas parpadean constantemente, pero de forma coordinada. Si esta danza se tuerce en una dirección, surge un líquido de espín quiral, un vórtice cuántico estable. Los cálculos mostraron que si se colocan átomos gigantes de Rydberg (con un electrón en una órbita distante) en un patrón de «respiración de Kagome» —triángulos grandes y pequeños alternados—, el sistema forma por sí mismo esta fase. Su realidad fue confirmada por el espectro de entrelazamiento, la huella digital cuántica del estado.
La característica principal de este líquido es la protección topológica: como un remolino que no puede ser destruido por una corriente débil. Su entropía de entrelazamiento (medida de complejidad) es alta, lo que hace al sistema candidato para computadoras cuánticas tolerantes a fallos. El cambio gradual del tamaño de los triángulos de la red hace que el vórtice gire en dirección opuesta: la geometría dirige la danza cuántica. Las plataformas de Rydberg ya se han convertido en el modelo estándar para simular tales estados, y las ideas de Peter Zoller e Ignacio Cirac sobre simuladores cuánticos se están haciendo realidad.
La red de «Kagome» debe su nombre a los tejidos de cestería japoneses, y los átomos de Rydberg pueden tener el tamaño de una bacteria.