En la nube de gas que queda tras la explosión de una estrella (lo que llamamos remanente de supernova), los astrónomos descubrieron una gigantesca letra S luminosa. Fue creada por dos chorros de materia ardiente, expulsados durante la catástrofe. Estos chorros no solo volaban hacia adelante: giraban lentamente, como una peonza, y por eso su trayectoria se curvó. El proceso es similar al de un aspersor de jardín que gira y dibuja zigzags con agua, solo que a una escala miles de millones de veces mayor y con plasma en lugar de agua.
Pero, ¿qué hizo girar esas eyecciones? La respuesta más inesperada es el canibalismo cósmico. Según una hipótesis, una estrella de neutrones (el núcleo superdenso de la estrella muerta) desgarró a una enana blanca vecina y, al engullir su materia, escupió los chorros giratorios. Otra posibilidad: la explosión surgió en una capa rica en helio y oxígeno, y ya poseía rotación por sí misma. Se han encontrado figuras en S similares en otros remanentes de supernovas: parece que este rebuscado trazo queda tras muchas muertes estelares.
La velocidad de la materia en estos chorros alcanza el 99% de la velocidad de la luz, casi 300 000 km/s, pero en lugar de un impacto directo, se curvan formando elegantes letras.