Las baterías de nueva generación no usan simplemente un electrolito líquido, sino agua en la que se ha disuelto muchísima sal: iones de litio y grandes moléculas orgánicas. Hay tantos iones que chocan constantemente, como una multitud en un pasillo estrecho. Seguir a cada ion en esa multitud no es tarea fácil.
El método habitual consiste en resolver las ecuaciones de la mecánica cuántica para cada paso del movimiento. Es como intentar describir cada paso de cada persona en una multitud: la precisión es enorme, pero el cálculo tarda una eternidad. Por eso los científicos tomaron otro camino. Tomaron un modelo informático que aprende de ejemplos: primero le mostraron varios cálculos cortos y precisos, y luego aprendió por sí mismo a predecir hacia dónde se moverán los iones, sin ecuaciones complicadas.
Los autores probaron el modelo con una solución de sal de litio en agua. El modelo reprodujo con exactitud los datos experimentales, por ejemplo, cómo se dispersan los rayos X en la solución. Esto significa que describe correctamente la disposición de los iones. Además, el modelo permitió observar situaciones difíciles de captar en un experimento: cuando dos iones de litio quedan muy cerca uno del otro.
Resultó que el modelo, primero entrenado con datos generales y luego afinado con la solución específica, funciona mejor que uno entrenado desde cero. Es como si un cocinero que conoce muchas cocinas aprendiera un plato nuevo más rápido que un principiante.
Ahora los investigadores tienen una herramienta para estudiar electrolitos superconcentrados en escalas de tiempo largas, desde picosegundos hasta nanosegundos y más allá. Esto es importante para desarrollar baterías más seguras y de mayor capacidad.
En una solución superconcentrada de sal de litio, por cada ion de litio hay solo unas dos moléculas de agua, como si en un vaso de agua se disolviera medio vaso de sal.