Los científicos investigaron si los agujeros negros primigenios pueden convertirse en agujeros blancos y causar ráfagas rápidas de radio (misteriosas señales cósmicas). Resultó que para ello se necesitan condiciones muy especiales, y la mayoría de los datos va en contra de esa idea. Por lo tanto, la solución al misterio de estas ráfagas sigue pendiente, y quizás no nazcan de explosiones de agujeros negros, sino de otra cosa.
Algunos agujeros negros son remanentes del Big Bang. Normalmente se desvanecen mediante una lenta fuga de radiación, predicha por Stephen Hawking. Pero un interruptor cuántico podría invertirlos en agujeros blancos, liberando toda su energía de forma explosiva, como granos de palomitas que estallan de repente.
Un nuevo estudio calcula la probabilidad de este interruptor, teniendo en cuenta la curvatura del espacio y la expansión cósmica. La tasa de estallidos alcanza su máximo solo cuando la vida de un agujero negro coincide con la edad del universo, sincronizada exactamente, como palomitas en aceite caliente. Los astrónomos probaron si estos estallidos causan las misteriosas ráfagas rápidas de radio: breves pulsos intensos desde el espacio profundo. ¿Coincidencia? Apenas: solo en una pequeña fracción de casos, con agujeros negros muy ligeros o aquellos que desaparecen antes del giro.
Así que el tostador cósmico rara vez funciona. Las observaciones desde ondas gravitacionales hasta rayos gamma descartan a los agujeros blancos como el principal causante de los estallidos. Pero aquí está el giro: un agujero negro listo para estallar sería más pequeño que un átomo pero tan pesado como una montaña. ¿La conclusión? Afina la búsqueda de estos improbables destellos cósmicos.
🎯 Un agujero negro antiguo podría ser más pequeño que un átomo y pesar tanto como una montaña.
🎬 En la comedia de ciencia ficción Enano Rojo, un agujero blanco hace que el tiempo fluya hacia atrás.