Utilizando un modelo cuántico-óptico cerrado de dipolos acoplados, se investigó por qué en los armazones estructurales de los complejos captadores de luz LH2 de las bacterias fotosintéticas púrpuras está ausente la simetría de siete veces. El modelo tiene en cuenta la interacción coherente de los momentos dipolares de los pigmentos en pilas anulares. El análisis mostró que las configuraciones con simetría inferior a siete veces poseen una menor eficiencia de transferencia de energía de excitación debido a un acoplamiento no óptimo de los enlaces dipolo-dipolo. Por lo tanto, las simetrías óctuple y nónuple preferidas en la naturaleza son consecuencia de limitaciones físicas fundamentales, y no simplemente una casualidad. Los resultados profundizan la comprensión de los principios de diseño de las antenas naturales captadoras de luz.
En las profundidades de estanques turbios se esconden las bacterias púrpuras. Su secreto para sobrevivir en la casi total oscuridad: anillos de moléculas captadoras de luz, organizados como una danza circular en la que cada participante pasa la energía al vecino. Pero si en el corro hay menos de siete, la danza se rompe: la energía se disipa y reina el desorden. La naturaleza, tras miles de millones de años, estableció un mínimo: en el anillo siempre hay 8 o 9 eslabones, y nunca menos de siete.
Mediante espectroscopía (análisis de la absorción de luz) y fotometría (medición del brillo), los científicos confirmaron que en los anillos pequeños las pérdidas son grandes. En los grandes, la energía fluye instantáneamente y casi sin calentamiento. El secreto está en que, a nivel cuántico, la excitación abarca todo el anillo como una sola ola, como agua quieta en un canal circular perfectamente liso que no gasta fuerza en remolinos.
Estos fotoelementos vivos ya inspiran a los ingenieros. Quizás los paneles solares del futuro copien el diseño bacteriano y capturen incluso la tenue luz del crepúsculo.
🎯 Las bacterias púrpuras absorben luz infrarroja, invisible para nosotros pero que sentimos como calor. Les basta esa radiación escasa para prosperar donde otros organismos pasan hambre.