El trabajo está bastante aislado: a su lado casi no hay nadie, y su vecino más cercano se encuentra a una distancia de 0.496. Alrededor se sitúan investigaciones sobre relojes epigenéticos, senescencia celular y evolución de proteínas. Este artículo se distingue porque relaciona el envejecimiento con una modificación química concreta del ARN de transferencia que depende del microbioma. Hasta ahora el envejecimiento se describía a través de la acumulación de daños en el ADN o de cambios en el epigenoma, pero el papel de la precisión en la síntesis de proteínas seguía subestimado.
Los científicos midieron el nivel de kveína en sangre de ratas y personas de distintas edades mediante espectrometría de masas. Después añadieron kveína a la comida de moscas de la fruta y de ratones, y siguieron su esperanza de vida, su actividad física y sus funciones cognitivas. Para entender el mecanismo, aislaron el ARN de transferencia de los tejidos y analizaron sus modificaciones, además de estudiar la actividad de genes y proteínas en células con niveles alterados de kveína.
El nivel de kveína en sangre de las ratas caía de 18.22 ng/ml a los 6 meses hasta 8.83 ng/ml a los 36 meses, y en las personas mayores de 60 años era un 65% inferior al de las de 30 a 40 años. El suplemento de kveína prolongaba la esperanza de vida mediana de las moscas un 47.46% y la esperanza de vida media de los ratones un 15.3%. En los ratones también mejoraban la memoria, la coordinación y la fuerza de agarre, y su edad biológica según los relojes epigenéticos disminuía 4.72 meses. La modificación manQ del ARN de transferencia desaparecía en los animales viejos, pero se restauraba tras la ingesta de kveína.
El trabajo muestra que la precisión de la síntesis de proteínas es un factor del envejecimiento que se puede controlar, y no solo una consecuencia de este. La kveína actúa como una «vitamina microbiana» que conecta la salud intestinal con los procesos moleculares de las células. Esto la diferencia de los estudios cercanos, centrados en mecanismos genéticos o epigenéticos. El hallazgo propone una nueva diana para intervenciones geroprotectoras dirigidas a restaurar la precisión de la traducción.
El tema puede avanzar hacia el estudio de cómo el microbioma influye en el envejecimiento a través de otras modificaciones del ARN. Es posible que aparezcan probióticos de diseño que produzcan kveína, o dietas personalizadas para mantener su nivel. También queda por averiguar qué codones concretos se ven afectados por la pérdida de manQ y cómo se relaciona esto con las enfermedades asociadas a la edad.
Los resultados pueden influir en la gerontología, la nutrición y la investigación del microbioma. Abren el camino al desarrollo de suplementos basados en la kveína para frenar el envejecimiento.
Es necesario realizar ensayos clínicos de la kveína en personas para evaluar su seguridad y su eficacia. También es importante estudiar los efectos a largo plazo y los posibles efectos secundarios.
El trabajo vincula el envejecimiento con la pérdida de precisión en la síntesis de proteínas, uno de los problemas clave de la gerontología. Propone un mecanismo concreto por el cual el microbioma puede influir en la salud durante la vejez.
La kveína se descubrió en la década de 1970, pero su papel en el envejecimiento no se aclaró hasta ahora. Debe su nombre a la letra Q, con la que se designa a su precursor en el código genético.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.