El cristal de seleniuro de bismuto (Bi₂Se₃) es simétrico por sí mismo, como un sándwich bien preparado: dale la vuelta y nada cambia. Pero basta con girar ligeramente una capa respecto a la otra para que la simetría se rompa. El material comienza a 'sentir' de qué lado llega la luz y responde con una corriente eléctrica.
Los autores del estudio probaron tres formas de romper la simetría: girar las capas un ángulo de 21,78°, añadir un defecto puntual (eliminando un átomo de selenio) y aplicar un campo eléctrico externo. En todos los casos se generaba la llamada corriente de desplazamiento, una corriente continua que fluye mientras la luz está encendida. Su magnitud resultó comparable a la de los mejores materiales bidimensionales, como el GeS.
Esta corriente es especialmente interesante para el rango de terahercios, entre las microondas y la luz infrarroja. Allí hay pocas fuentes y detectores simples, y aquí el propio material puede funcionar como una antena que convierte la luz en corriente. En el futuro, esto podría dar lugar a nuevas células solares y a una optoelectrónica rápida.
El ángulo de 21,78° no es casual: con él, las dos capas forman por primera vez una superred periódica, como dos vallas con diferente separación entre postes que solo coinciden cada varios tramos.