Un nadador que corta el agua a la velocidad de las olas que corren sobre ella se encuentra en una situación extraña: las olas que él mismo genera no pueden ni adelantarlo ni quedarse atrás. Se acumulan frente a su proa y se congelan. Un fenómeno similar ocurre cuando una fuente de luz se mueve dentro de un medio a una velocidad que coincide con la velocidad de transferencia de energía de las olas. En el nuevo trabajo se muestra que para las olas superficiales, aquellas que corren a lo largo de la interfaz entre dos medios, esta coincidencia conduce a la aparición de patrones de olas congelados que permanecen inmóviles con respecto a la fuente.
Normalmente, cuando se supera la velocidad de fase, se produce la radiación de Cherenkov, un cono de luz similar al de un avión supersónico. Pero los autores consideraron otro caso: la velocidad de la fuente coincide no con la velocidad de fase (la velocidad de las crestas), sino con la velocidad de grupo, es decir, la velocidad a la que las olas transportan energía. En medios donde estas velocidades difieren mucho, el efecto se manifiesta a velocidades de fuente mucho más bajas. Las olas superficiales son naturalmente lentas, por lo que esta coincidencia se puede lograr incluso a velocidades moderadas.
La intensificación también se manifiesta en la mecánica: sobre la fuente actúan fuerzas ópticas y pares de torsión aumentados. Esto es similar a cómo la resonancia hace oscilar un columpio: si lo empujas en el momento adecuado, la amplitud crece sin esfuerzo adicional. Aquí, el papel de los empujones lo desempeña el movimiento de la fuente, y el papel del columpio, las olas superficiales.
El valor práctico radica en que el efecto se puede lograr no solo con movimiento real, sino también con movimiento sintético, cuando las propiedades del medio cambian con el tiempo como si la fuente se moviera. Esto abre el camino para controlar la luz y las fuerzas a micro y nanoescala sin desplazamientos mecánicos.
La velocidad de las olas superficiales puede ser cientos de veces menor que la velocidad de la luz en el vacío, por lo que la coincidencia de velocidades se puede lograr a velocidades de fuente relativamente bajas.