Los ordenadores cuánticos prometen resolver problemas que los convencionales no pueden abordar. Pero sus componentes, los bits cuánticos, son muy sensibles. Una variante de estos bits es el circuito oscilante, que puede estar en dos estados, como un péndulo que se balancea a la izquierda o a la derecha. Estos estados son los que almacenan la información.
Sin embargo, cuando varios de estos bits funcionan cerca, empiezan a influirse mutuamente. Es como si dos péndulos colgaran de la misma pared: las oscilaciones de uno se transmiten al otro y alteran su ritmo. Como resultado, el bit puede saltar accidentalmente de un estado a otro y la información se pierde.
Los investigadores propusieron varias formas de reducir las interferencias: ajustar las frecuencias de oscilación para que no coincidan, cambiar la intensidad de la señal o debilitar el acoplamiento entre los bits. Es como separar los péndulos o hacer que oscilen a velocidades diferentes para que no se estorben.
Ahora los ingenieros tienen recetas concretas para construir ordenadores cuánticos con muchos de estos bits sin perder información debido a las interferencias mutuas.
El tiempo durante el cual un bit cuántico conserva la información puede reducirse diez veces si otro bit igual funciona cerca.
El problema de las interferencias mutuas entre bits cuánticos recuerda a las dificultades de la novela «El ladrón cuántico» de Hannu Rajaniemi, donde los sistemas cuánticos luchan constantemente contra la decoherencia.