Un agujero de gusano es un túnel hipotético que acorta el camino entre rincones distantes del Universo, como una burbuja estirada entre dos puntos. Para que las paredes de la burbuja no se colapsen, se necesita una película especial: materia con presión negativa, parecida a la energía oscura. Pero este soporte no es eterno: si se retira la mitad de la película, la burbuja estalla.
Los físicos comprobaron este escenario en la computadora. Simularon cómo, al debilitarse el soporte, el agujero de gusano implosiona, dando nacimiento a un agujero negro. La materia absorbida no desaparece sin dejar rastro: es expulsada hacia atrás en un potente estallido, como salpicaduras de un globo reventado. La perturbación se propaga por el espacio en forma de ondas gravitacionales, que viajan a la velocidad de la luz.
Una señal así, proveniente de un agujero de gusano de mil masas solares a un millón de años luz, sigue siendo demasiado débil para los detectores actuales. Pero las futuras antenas gravitacionales, como el Telescopio Einstein, podrán captar este "eco". Y entonces escucharemos cómo el espacio se convierte por un instante en una burbuja agujereada.
El nombre 'agujero de gusano' fue acuñado por el físico John Wheeler en 1957, aunque la idea se remonta a Einstein y Rosen.
En 'Interstellar', el agujero de gusano cerca de Saturno se mantenía estable gracias a materia invisible. Si se elimina, el túnel se colapsa, tal como en los modelos de los físicos.