En los primeros minutos del Big Bang, el Universo preparó un cóctel de hidrógeno, helio y una pizca de litio. Pero la receta falló: según los cálculos de George Gamow, Ralph Alpher y Fred Hoyle, debería haber tres veces más litio del que ven los astrónomos. Esta discrepancia ha desafiado una solución durante décadas.
El nuevo trabajo propone dos cocineros invisibles. La primera partícula, pesada, se desintegra segundos u horas después de la explosión y libera neutrinos. Estos neutrinos convierten algunos protones en neutrones, lo que reduce la producción de litio, pero al mismo tiempo se excede con el deuterio —el hidrógeno pesado, cuya cantidad está estrictamente calibrada por la luz de nubes distantes. Luego entra en juego la segunda partícula, ligera, que vive más de un día. Se desintegra en fotones, y esta luz rompe cuidadosamente el exceso de deuterio sin tocar el litio. El resultado: ambos elementos quedan dentro del rango observado. Esta precisa danza de desintegraciones muestra por primera vez que el enigma del litio puede resolverse sin dañar el deuterio.
Si el litio se produjera según lo calculado, en cada litro de agua habría tanto como para miles de baterías. Sin embargo, en realidad hay tres veces menos.