El habla se parece a una orquesta donde cada nota debe sonar en su momento. El cerebro convierte un pensamiento en una cadena de sonidos en fracciones de segundo, y hasta ahora no estaba claro cómo gestiona esta jerarquía, desde los sonidos individuales hasta las sílabas y las palabras completas.
Para ver este proceso en vivo, los investigadores implantaron a dos pacientes, en la región cerebral responsable del habla, unas rejillas de 64 microelectrodos, cada una del tamaño de un grano de arroz (3,2 por 3,2 mm). Los pacientes pronunciaron miles de frases mientras los dispositivos registraban la actividad de las neuronas.
El hallazgo principal: esta "mezcla" no es estática. Los códigos cambian dinámicamente con el tiempo, lo que permite al cerebro representar simultáneamente los sonidos, las sílabas y las palabras que se suceden, sin interferencias mutuas. Este principio recuerda al codificado posicional en los modelos de lenguaje modernos, y es un puente entre la biología y la inteligencia artificial.
El trabajo demuestra que incluso una pequeña zona de la corteza no es un especialista limitado, sino un director flexible que reajusta su partitura sobre la marcha para que el habla fluya con suavidad.
La rejilla de microelectrodos de 3,2 por 3,2 mm equivale aproximadamente al área de una cabeza de cerilla, pero alberga 64 sensores.
En la serie "Black Mirror" hay un episodio en el que las personas se comunican mediante una interfaz neuronal que traduce los pensamientos en palabras; este trabajo acerca ese futuro.