Un alambre fino del nuevo material conduce electricidad sin pérdidas si se enfría a tres grados por encima del cero absoluto. Es como agua que fluye por una tubería sin encontrar fricción en las paredes. El material se llama PtPb3Bi y su peculiaridad es su estructura interna, similar a un haz de hilos: los electrones corren libremente a lo largo del hilo, pero saltan con dificultad entre hilos.
A una temperatura de unos 280 Kelvin (aproximadamente 7 grados centígrados), en el material surge una onda de densidad de carga: los electrones se organizan en un patrón periódico, como granos en una mazorca de maíz. Esto no impide la superconductividad a temperaturas más bajas, sino que, al contrario, resalta la topología inusual del material. Aquí, la topología es una propiedad de la forma de las nubes electrónicas que no cambia con deformaciones suaves, así como el agujero de un donut no desaparece si se aplasta ligeramente.
Este material podría ser la base para computadoras cuánticas, donde la información se almacena en partículas exóticas resistentes a las interferencias. Por ahora es solo un primer paso, pero demuestra que los superconductores cuasiunidimensionales son una plataforma prometedora para buscar nuevos estados cuánticos.
La superconductividad a 3 Kelvin es más fría que la superficie de Plutón, donde la temperatura ronda los 40 Kelvin.
En la novela 'Mundo Anillo' de Larry Niven, hilos superconductores sostienen una construcción gigante; quizás los superconductores cuasiunidimensionales sean un paso hacia tales tecnologías.