Los investigadores han desarrollado fibras ópticas elásticas (se estiran hasta un 50%) con fotomultiplicadores de silicio integrados que detectan fotones individuales de centelleo. Las fibras son sensibles a la radiación gamma y beta, con un límite de detección inferior que se acerca al nivel de radiación de fondo natural (aproximadamente 14–41 nSv/h). Un recubrimiento de tungsteno y lana merina aumenta la eficiencia en un 20%, y lo más importante: estos hilos pueden tejerse en telas comunes con telares, creando «mapas» flexibles de campos de radiación con alta resolución espacial. Es como tejer un centenar de contadores Geiger en miniatura en un suéter, solo que mucho más sensibles.
Dentro de un finísimo hilo de polímero se encuentran atrapados cristales microscópicos llamados centelladores. Cuando una partícula radiactiva invisible choca contra ellos, estos centellean por un instante, como luciérnagas. Un sensor sensible detecta cada destello, convirtiendo el hilo en un detector flexible.
Las pruebas con estroncio-90, cesio-137 y cobalto-60 demostraron que el tejido detecta incluso la radiación de fondo natural. Para aumentar la señal, se añadió tungsteno y lana de merino al hilo; esta combinación de metal y lana suave aumentó inesperadamente la sensibilidad en un 20%. El tungsteno convierte los rayos gamma en una lluvia de electrones que los cristales captan con más facilidad. Esto también ayuda a distinguir tipos de radiación, abriendo paso a investigaciones portátiles sobre partículas fundamentales y a ropa inteligente que avisa del peligro en centrales nucleares y en radioterapia.
🎯 Los primeros detectores de radiación, con los que trabajaron [scientist:Marie Curie]Мари Кюри[/scientist] y [scientist:Ernest Rutherford]Эрнест Резерфорд[/scientist], requerían laboratorios enteros. Ahora, un detector se puede llevar puesto como un suéter.
🎬 En la novela «Fundación» de Isaac Asimov se mencionan dosímetros personales, pero los detectores textiles ya son una realidad.