En el acelerador de Fermilab, un haz de partículas golpea un blanco de amoníaco congelado. Los núcleos de hidrógeno en su interior son como pequeñas peonzas, y los físicos necesitan que todas giren en la misma dirección. Entonces las colisiones revelarán cómo está hecho el espín del protón. Pero lograr que miles de millones de peonzas miren hacia el mismo lado es como intentar que una multitud en un estadio se alinee con un silbato.
Las microondas a 140 gigahercios actúan como una batuta de director. Voltean los espines de los núcleos y estos gradualmente se alinean. El problema es que la radiación del haz estropea el ajuste: la frecuencia "se desvía", como una cuerda desafinada. Antes, el operador ajustaba manualmente la perilla observando la señal. Ahora lo hace un autómata.
Los ingenieros construyeron un gemelo digital de todo el sistema: un modelo informático que replica el comportamiento de la instalación real. En él se tienen en cuenta el calentamiento, la deriva por radiación y el ruido de los sensores. Con este modelo se entrenaron varios algoritmos: uno simplemente sigue reglas simples, otro aprende por ensayo y error, y un tercero busca patrones sin pistas. Todos pueden ajustar dos perillas a la vez: la frecuencia de las microondas y su potencia.
Resultado: la polarización del blanco se mantiene al máximo incluso cuando el haz estropea el ajuste. El operador se sienta en una sala segura y observa los gráficos, en lugar de girar perillas cerca de la radiación. El mismo esquema servirá para futuros experimentos con espín y para cualquier instalación criogénica con microondas delicadas.
El blanco de amoníaco se enfría a aproximadamente 1 kelvin, más frío que la superficie de Plutón.
En la serie "The Expanse", las naves usan campos magnéticos para protegerse de la radiación; aquí, el blanco polarizado también alinea partículas, pero para mediciones científicas.