Una batería de litio es como un sándwich: dos rebanadas de pan son los electrodos y el relleno de en medio es el electrolito, por donde los iones de litio van y vienen. En las baterías normales, el relleno es líquido, como una salsa, y puede gotear o incendiarse. En las baterías de estado sólido, el relleno es como una loncha de queso: no fluye, pero es importante que no se desmorone ni reaccione con el pan.
Los investigadores estudiaron la interfaz entre el ánodo de litio (el pan) y el electrolito sólido Li3OCl (el queso) mediante simulaciones por computadora a nivel atómico. Probaron varias formas de unirlos y encontraron la más favorable energéticamente. Resultó que en la interfaz todo está en calma: la estructura no se destruye y la carga eléctrica solo se redistribuye ligeramente en una capa fina cerca de la superficie.
Esto significa que la batería no se deteriorará rápidamente con las recargas repetidas: el litio extra no se acumula dentro del electrolito, sino que permanece en el ánodo. Esa estabilidad es la clave para una larga vida de las baterías de estado sólido.
El círculo se cierra: el sándwich de queso no se desarma, aunque lo muerdan muchas veces. Así, la batería con Li3OCl promete durar mucho y ser segura.
El Li3OCl es un sólido que conduce iones de litio casi como un líquido, pero no fluye ni se incendia.