El óxido de rutenio fue considerado durante mucho tiempo un altermagneto ejemplar: un material en el que los momentos magnéticos de átomos vecinos apuntan en direcciones opuestas, pero no se compensan por completo debido a la simetría especial del cristal. Nuevas mediciones han demostrado que en el interior del cristal no hay magnetismo alguno. Toda la vida magnética se concentra en la superficie.
Mediante fotoemisión resuelta en espín, los científicos observaron un estado superficial estrecho con la misma polarización de espín para momentos opuestos. Esa imagen no se da en altermagnetos. Los cálculos confirmaron que el magnetismo aparece solo en el corte superficial completamente de oxígeno. Allí, la carga se transfiere del rutenio al oxígeno, y las subredes vecinas de rutenio adquieren momentos de +0.48 y -0.04 magnetones de Bohr. Esto es un orden ferrimagnético, como dos imanes de distinta fuerza enfrentados.
El hallazgo reconcilia años de controversia: algunos experimentos veían magnetismo en el RuO2 y otros no. Resulta que todo dependía de cuán sensible era el método a la superficie. Ahora está claro: el RuO2 no es un altermagneto, sino un material con ferrimagnetismo superficial. Esto es relevante para la espintrónica, donde se aprovechan los efectos de superficie e interfaz.
El ferrimagnetismo se parece a un tira y afloja donde de un lado hay un equipo de diez personas y del otro, un solo niño. La magnetización total no es cero, pero es menor que si todos tiraran en la misma dirección.