Una mota de polvo flota en el aire, sostenida por un rayo de luz invisible. A su alrededor hay aire normal, pero a veces salta una pequeña chispa en la mota. Por primera vez, los científicos han observado de cerca estas descargas y han descubierto que no las provoca la propia mota, sino visitantes invisibles del espacio y de la tierra.
Una pinza óptica (un rayo que puede sostener objetos microscópicos) mantenía una mota de polvo del tamaño de una bacteria. De vez en cuando, la carga de la mota cambiaba bruscamente, en unas decenas de cargas elementales (como si varias decenas de electrones saltaran sobre la mota o se desprendieran de ella). A estos eventos se les llamó microdescargas.
Antes se pensaba que para que ocurriera una descarga se necesitaba un umbral, como una copa desbordada de la que el agua se derrama por el borde. Pero aquí no había umbral: las descargas ocurrían con diferentes cargas de la mota. Esto significa que el asunto no está en la propia mota, sino en el aire circundante. La radiación natural (de los rayos cósmicos y de los restos de elementos radiactivos en la tierra) ioniza constantemente el aire, arrancando electrones de los átomos. La mota, al atravesar esa 'nube' de iones, los captura rápidamente y cambia su carga.
Así, la mota se convierte en un diminuto detector de radiación. Cada chispa en su superficie es el rastro de una partícula invisible que acaba de pasar cerca. Estudiar estas descargas permite comprender mejor cómo se comporta la electricidad a escalas diminutas, sin cables ni electrodos, simplemente en el aire.
La carga de la mota cambiaba solo en 40 cargas elementales, lo que es miles de millones de veces menor que la carga que se acumula en la pantalla de un televisor por fricción.
En la novela 'Polvo' de Charles Pellegrino, las partículas microscópicas sirven como sensores de radiación cósmica, igual que en este experimento.