Un cristal ordinario es como un edificio de apartamentos: los electrones se mueven por pasillos y escaleras comunes, influyéndose unos a otros a través de las paredes. Ahora quitemos todas las paredes y dejemos una sola línea de apartamentos. ¿Cómo se comportarán los residentes?
El hidrógeno no tiene nada que ver aquí, pero el comportamiento colectivo de los electrones pasa a primer plano. En cristales delgados donde los átomos están alineados en una sola fila, los electrones pueden formar una "onda": una acumulación periódica de carga que se desplaza a lo largo de la cadena. Este fenómeno se llama onda de densidad de carga. Antes solo se había observado en muestras gruesas, donde las cadenas vecinas interfieren entre sí.
Ahora los físicos han aislado cadenas individuales de átomos de niobio y azufre dentro de un nanotubo de carbono, como un cable aislado. En una cadena única, la onda resultó tener un paso diferente: las acumulaciones de carga se repiten cada cuatro átomos, no cada tres como en el cristal grueso. Esto significa que en un sistema verdaderamente unidimensional los electrones se comportan de manera distinta que en un material volumétrico.
Estos sistemas unidimensionales no son una simple curiosidad. Ayudan a entender cómo interactúan los electrones en los conductores más delgados, que podrían ser la base de la futura electrónica. Si aprendemos a controlar las ondas de carga en cadenas atómicas individuales, abriremos el camino a dispositivos donde la corriente fluya sin pérdidas y con una precisión sin precedentes.
El nanotubo de carbono que alberga la cadena de átomos es 50 000 veces más delgado que un cabello humano.