En el mundo cuántico, los electrones pueden comportarse como ondas. Si se crean condiciones especiales para ellos, estas ondas comienzan a sentir algo parecido a la gravedad. En cristales llamados semimetales de Weyl, los electrones se mueven como si no tuvieran masa y su energía depende de la dirección, como un cono inclinado. Cuando la inclinación cambia suavemente de un punto a otro, surge una frontera invisible para la onda electrónica. Es un análogo del horizonte de sucesos de un agujero negro. Solo que en lugar de luz y espacio-tiempo, aquí operan los estados electrónicos y la estructura interna del cristal.
Los autores compararon dos tipos de estos semimetales. En el primero, un paquete de ondas —un grupo compacto de ondas electrónicas— choca con el horizonte y se refleja por completo, como si golpeara una pared de espejo. En el segundo, el paquete lo atraviesa, pero con gran dificultad. Lo más interesante ocurre cuando el paquete parte con momento cero. Se frena bruscamente, casi se congela en el horizonte y permanece allí un tiempo anómalamente largo. Por este retardo hay que pagar: parte de la probabilidad de encontrar al electrón en ese lugar simplemente desaparece. Cuanto más largo es el retardo, mayor es la pérdida. Este efecto recuerda a lo que ocurre con la información cerca de un agujero negro real. Pero aquí se puede estudiar en el laboratorio, modificando las propiedades del cristal.
Los efectos más fuertes del horizonte en estos cristales aparecen cuando el electrón comienza a moverse con momento cero: es como si cayera en una melaza viscosa y se quedara atrapado en la frontera invisible.
En la novela 'Blindsight' de Peter Watts, criaturas extraterrestres utilizan efectos cuánticos para manipular horizontes de sucesos: experimentos similares con semimetales de Weyl podrían ser un primer paso para entender tales tecnologías.