Dos fotones salen de un mismo punto en el pecho del paciente. Son gemelos: si alteras uno, al instante sabes algo del otro. Esa conexión se llama entrelazamiento cuántico. En una exploración PET, estos pares nacen dentro del cuerpo cuando la sustancia radiactiva inyectada se encuentra con los electrones de los tejidos.
El grado de entrelazamiento no es constante. Se debilita si los fotones interactúan con moléculas de oxígeno en el camino. Cuanto más oxígeno hay disuelto en el tejido, más se destruye la conexión. Los autores del trabajo propusieron medir ese debilitamiento y, a partir de él, deducir si las células se están asfixiando. Los cálculos se hicieron para agua, alcoholes y tejido graso: en la grasa, con oxígeno cero, el entrelazamiento alcanza 0,89, y en isooctano baja a 0,78.
El método no requiere aparatos nuevos. Basta con el mismo escáner PET que busca tumores. Solo que ahora no cuenta simples destellos, sino su coherencia. Es como escuchar una orquesta: antes solo oíamos el volumen, ahora distinguimos si los violines tocan al unísono o desafinados. La desafinación es señal de hipoxia. Así, un aparato médico común se convierte en un medidor de la respiración de los tejidos.
El positronio, un diminuto "átomo" formado por un electrón y su antipartícula, el positrón, vive solo unos nanosegundos, pero alcanza a emitir un par de fotones entrelazados.