Un láser convencional se parece a una orquesta cuyos músicos necesitan calentar antes de tocar al unísono. Primero hay que bombear energía a suficientes átomos para que se 'inviertan' y estén listos para emitir luz: esto se llama inversión de población. Solo entonces surge el haz. El láser polaritónico juega con otras reglas: sus 'músicos', una mezcla de luz y materia, entran en acción casi sin preparación.
En el nuevo trabajo, los físicos han logrado que este láser funcione con electricidad, no con una lámpara externa, y a temperatura ambiente. La base es un cristal de nitruro de galio (GaN), conocido por los LED. La zona activa no está hecha de finos pozos cuánticos, sino de una capa continua, como si en lugar de las cuerdas de un cuarteto tomaran un bloque sólido que canta. Cuando la corriente recorre una cresta de 60 micrómetros, nacen polaritones, partículas centauro, mitad luz, mitad materia. Se fusionan en un solo impulso y el láser emite una serie de destellos ultracortos: el modo de sincronización de modos.
El mecanismo polaritónico proporciona una ganancia enorme, por lo que basta con un resonador corto. En comparación, los láseres comerciales de GaN suelen ser varias veces más largos. Los científicos comprobaron que el mismo cristal también se enciende con luz, lo que significa que los dopantes para el bombeo eléctrico no interfieren con la creación de polaritones. Ahora los dispositivos polaritónicos pueden volverse tan prácticos como los diodos láser convencionales, pero con nuevas capacidades: umbrales bajos, modulación rápida y funcionamiento en condiciones donde la inversión convencional es inalcanzable. Así, la orquesta que no necesita larga afinación empieza a tocar de inmediato y con fuerza.
Un láser polaritónico puede encenderse con una corriente que a un láser convencional no le bastaría ni para un débil brillo, como si un coche arrancara con solo una quinta parte del depósito lleno.