Recientemente, en la prestigiosa revista Nature apareció la afirmación: las partículas pueden entrelazarse bajo la acción de la gravedad. Sin embargo, un análisis más minucioso, como un mago que revisa todas las mangas, mostró que los investigadores omitieron importantes variantes de los acontecimientos. Sin estas omisiones, la conexión cuántica no aparece. ¿Significa esto que la gravedad no es ese 'pegamento' que une las partículas cuánticas?
La gravedad es como un trampolín tensado: los cuerpos masivos lo hunden, haciendo que otros cuerpos rueden hacia ellos. Esta curvatura común del espacio — gravedad — actúa sobre todos, pero no transmite mensajes secretos. Para que surja el entrelazamiento cuántico, se necesita un intercambio de partículas especiales, como si las pelotas en el trampolín se lanzaran pelotas para sincronizarse.
En el mundo cuántico, estos trucos funcionan gracias a intermediarios, como las partículas del Modelo Estándar. Incluso las ondas gravitacionales — ondulaciones por el movimiento de cuerpos masivos — no transmiten instrucciones cuánticas. Un estudio reciente afirmaba lo contrario, pero un nuevo análisis encontró un error: no se tuvieron en cuenta todas las abolladuras del trampolín — se omitieron unas pequeñas pero críticas. Como intentar armar un rompecabezas sin las piezas de las esquinas. Lo sorprendente es otra cosa: incluso si se coloca en el trampolín una masa del tamaño del Everest, la gravedad no entrelazará las partículas. Para ello se requiere la naturaleza cuántica del propio espacio-tiempo.
🎯 La gravedad es tan débil que incluso si se concentra la masa de toda una montaña en un solo punto, su influencia cuántica sigue siendo fantasmal. Por eso los cazadores de la gravedad cuántica sueñan con aceleradores del tamaño del Sistema Solar.