Un espectrómetro de neutrones se parece a un geólogo ciego que golpea la roca y adivina por el sonido lo que hay dentro. Envía un haz de neutrones a un cristal y observa cómo se dispersan. Con ese patrón se puede saber cómo vibran los pequeños imanes atómicos: los espines. Pero dónde cavar exactamente y cuánto tiempo escuchar, antes lo decidía una persona.
Ahora, el algoritmo TAS-AI se ha sentado al mando. Trabaja en dos fases. Primero, como un curioso novato: sondea distintos puntos casi al azar, construye un mapa aproximado y encuentra dónde la señal es más fuerte. Luego activa el modo experto: sabiendo el lugar aproximado, empieza a hacer preguntas precisas para determinar cuál de los dos modelos magnéticos es el correcto. En una prueba con una red cuadrada, le bastaron menos de diez mediciones para elegir la opción correcta con una ventaja abrumadora.
Los autores también detectaron una trampa: si el algoritmo confía demasiado en su hipótesis actual, deja de buscar refutaciones. Añadieron un canal de "verificación de resistencia obligatoria" y el sistema empezó a perder menos tiempo en pistas falsas. En la copia digital del instrumento real, todo el ciclo funciona, y el código está disponible abiertamente.
Las ondas de espín son ondulaciones de la magnetización que recorren el cristal, como la ola en un estadio cuando los aficionados se levantan uno tras otro.