En los márgenes del sistema solar, mucho más allá de Neptuno, orbitan cientos de bloques de hielo. Algunos se mueven como si una mano invisible hubiera alineado sus órbitas, como agujas de brújula. Hace diez años, esto llevó a los astrónomos a pensar que allí se esconde un planeta masivo, unas diez veces más pesado que la Tierra.
Pero los cálculos antiguos tenían un punto débil: los telescopios no observan todo el cielo con la misma atención. Las zonas brillantes se ven mejor, las tenues peor, y esa desigualdad pudo crear por sí sola una falsa impresión de alineación. Los autores del nuevo trabajo idearon un método que tiene en cuenta hacia dónde apuntaban realmente los telescopios. También comprobaron cuáles de esos cuerpos lejanos no escaparían del sistema solar en miles de millones de años, y ampliaron la lista de objetos adecuados de 21 a 25.
El resultado enfría los ánimos: la alineación de las órbitas es apenas perceptible y la dirección hacia la que apuntan no está bien definida. Esto no significa que el Planeta X no exista. Significa que el principal argumento a su favor se ha vuelto endeble.
Pronto, en Chile, comenzará a funcionar el observatorio Vera Rubin. Fotografiará todo el cielo austral cada pocas noches y encontrará miles de nuevos cuerpos lejanos. Entonces, el nuevo método mostrará si la alineación era un espejismo o si detrás hay un planeta real.
Hasta ahora no se ha encontrado ningún planeta más allá de Neptuno, aunque se busca desde hace más de cien años. En cambio, se halló a Plutón, que luego fue degradado a planeta enano.
En la serie 'The Expanse', una fuerza misteriosa más allá de la órbita de Neptuno resulta ser un portal a otro sistema estelar, no un planeta.