El espectro de una sustancia es su huella dactilar. Normalmente, para obtenerlo, se coloca la muestra en un campo magnético intenso, como en un tomógrafo. Pero hay una manera de prescindir por completo del imán: registrar la señal de los núcleos atómicos a campo cero. Hasta ahora, este método adolecía de una sensibilidad débil y sus complejos espectros eran difíciles de predecir.
Los autores del nuevo trabajo tomaron líquidos comunes —de los que hay en cualquier estante de laboratorio— y por primera vez registraron sus espectros a campo cero utilizando carbono-13 en su abundancia natural (solo el 1,1% de todos los átomos de carbono). Para ello no hicieron falta ni preparación especial de la muestra ni costosa amplificación de la señal. El instrumento —un magnetómetro compacto de vapor de rubidio— resultó tan sensible que distinguió incluso moléculas con dos átomos raros de carbono-13, que constituyen apenas el 0,0121% de la muestra. Las líneas espectrales fueron estrechas (menos de 250 milihercios) y el instrumento funcionó de manera estable durante más de una semana.
En paralelo, los científicos aprendieron a predecir estos espectros mediante cálculos de química cuántica que tienen en cuenta las vibraciones moleculares. La precisión de la predicción es de unos pocos hercios. La comparación entre el cálculo y el experimento resultó útil por sí misma: las discrepancias mostraron dónde la molécula forma enlaces de hidrógeno, cómo se hidrata en agua o forma pares iónicos en una disolución salina concentrada.
Este enfoque abre el camino hacia un análisis de sustancias económico y flexible: se puede mirar dentro de contenedores metálicos y no se necesita un voluminoso imán superconductor. Y los cálculos ayudan no solo a identificar la molécula, sino también a comprender con quién interactúa en disolución.
El magnetómetro de vapor de rubidio es tan sensible que puede detectar el campo magnético del corazón humano desde una distancia de varios centímetros.