En el agua dulce de los lagos, las cianobacterias Microcystis a menudo causan floraciones tóxicas. Se agrupan en colonias: esferas elásticas, similares a una gelatina densa. Las células están pegadas por una sustancia especial a base de carbono, que actúa como un potente pegamento natural. Los científicos han probado por primera vez la resistencia a la rotura de estas “gelatinas” y han descubierto que su fuerza es asombrosa. Las olas comunes en los lagos son decenas de veces más débiles de lo necesario para romper una colonia. Ni siquiera una tormenta fuerte deshace estos grumos vivos: soportan cargas 100 veces superiores a la agitación típica del agua.
Sorprendentemente, cuando hay escasez de fósforo, las colonias no se debilitan, sino que se vuelven aún más resistentes. Las bacterias parecen reorganizar su matriz mucosa en modo “asedio”, haciéndola más rígida. Desde el punto de vista de la física, esta estructura tiene una baja entropía: hay poco desorden en ella, por lo que es más estable. Este descubrimiento explica por qué las floraciones tóxicas son tan difíciles de detener y sugiere futuras estrategias de lucha: tal vez la clave sea aprender a destruir estas fortalezas en miniatura.
Las colonias de Microcystis resisten impactos 100 veces más fuertes que los que se producen en los lagos durante una tormenta.