Dos lámparas en un escaparate: una emite una luz fría y azulada, la otra un poco más cálida y amarillenta. Así se ven aproximadamente los dos tipos de supernovas, Ib e Ic, cuando los astrónomos las observan con un telescopio. Ambas estallan al final de la vida de una estrella masiva que ha desprendido su envoltura de hidrógeno, como un diente de león que pierde sus semillas. Pero una conserva un poco de helio y la otra casi nada. Esa diferencia, según se ha descubierto, se puede percibir por el color.
Un grupo de científicos revisó los datos de la Zwicky Transient Facility, un telescopio automático que cada noche escanea el cielo en busca de todo lo que se mueve o cambia de brillo. En sus manos tuvieron las curvas de luz de cientos de supernovas Ib e Ic. Al comparar su color en el pico de brillo, los investigadores notaron que las supernovas Ib son, en promedio, más azules que las Ic. La diferencia es pequeña, pero estadísticamente sólida: la probabilidad de que sea casualidad es menor del cinco por ciento. El polvo de las galaxias anfitrionas también tiñe un poco la luz, pero su contribución no basta para explicar todo el efecto.
Curiosamente, entre estas supernovas hay un subgrupo especial: las que presentan líneas estrechas en el espectro (Ibn e Icn). Resultaron ser aún más azules que sus contrapartes de líneas anchas. Quizás aquí interviene la interacción con el material que la estrella expulsó poco antes de explotar, algo así como el choque de la onda expansiva con un capullo invisible. Estos eventos a veces se asocian con los transitorios ópticos azules rápidos, misteriosos destellos que duran solo unos días.
La conclusión práctica es simple: el color de una supernova, medido a partir de imágenes en diferentes filtros, puede servir como un indicador rápido de cuán "despojada" estaba la estrella antes de morir. Para los grandes sondeos, donde no hay tiempo para tomar espectros, esta es una herramienta valiosa. Ayudará a predecir con más precisión qué estrellas terminan su vida con una explosión y cuáles se convierten en estrellas de neutrones o agujeros negros. Así, el color deja de ser solo un adorno y se convierte en la clave de la biografía de una estrella.
Las supernovas de tipo Ic a veces se confunden con las de tipo Ib si faltan datos, pero el color puede revelar la diferencia incluso sin un espectro.
En la novela "Solaris" de Stanisław Lem, el océano se estudia por el color de su luminiscencia, de manera similar a como los astrónomos leen la historia de las estrellas a través de los tonos de sus explosiones.