Una piedra cae en un estanque y por el agua se extienden ondas concéntricas. En física, una ley de conservación similar opera para la energía y el momento: lo que había, permanece. Pero en el espacio-tiempo curvo, donde la gravedad manda, definir cantidades conservadas es más complicado. Aquí viene al rescate la construcción de Komar, una receta matemática que permite calcular la carga total (por ejemplo, la masa o la carga eléctrica) dentro de una superficie cerrada, incluso si el espacio está fuertemente deformado.
Los autores examinaron soluciones especiales de las teorías de supergravedad. Estas son extensiones de la gravedad einsteiniana ordinaria donde cada partícula tiene una supercompañera (su gemela con propiedades diferentes). Tales soluciones describen, por ejemplo, agujeros negros con temperatura cero que no se desintegran debido a efectos cuánticos. Resulta que para estas soluciones la carga generalizada de Komar es siempre cero. La razón está en la supersimetría: un vector especial construido a partir de los campos fantasma (espinores) anula automáticamente la integral, como si todas las contribuciones se cancelaran cuidadosamente entre sí.
Este resultado no es solo un ejercicio matemático. Proporciona una forma rigurosa, independiente de la elección de coordenadas, de demostrar las llamadas cotas BPS: la masa de un agujero negro no puede ser menor que su carga (en unidades apropiadas). Si la carga no se anulara, las cotas tendrían que derivarse por caminos indirectos, con riesgo de error. Aquí todo es elegante: la carga nula es una consecuencia directa de la simetría, y la simetría dicta las reglas del juego.
Así, el álgebra abstracta de la supergravedad se conecta con las propiedades concretas de los objetos: un agujero negro no puede ser arbitrariamente ligero para una carga dada. Y esta restricción está inscrita en la propia geometría del espacio-tiempo. Las ondas en el agua de la piedra se han expandido y calmado, pero las leyes de conservación permanecen tejidas en la trama del universo.
Las cargas generalizadas de Komar llevan el nombre de Arthur Komar, quien en 1959 generalizó el concepto de cantidad conservada a la relatividad general. Curiosamente, el propio Komar trabajó en la cuantización de la gravedad, pero su fórmula se afianzó en los estudios clásicos de los agujeros negros.
En la novela «Diáspora» de Greg Egan, una civilización utiliza agujeros negros supersimétricos como fuentes de energía, manipulando sus cargas. La carga de Komar nula garantiza la estabilidad de tales objetos: no explotan ni se evaporan prematuramente.