La física cuántica predice que nuestro universo pudo haber nacido diminuto... y haberse quedado así. Pero las observaciones dicen que es enorme. Resulta que, si imaginamos el espacio no como una esfera, sino como una 'rosquilla' (un toro), las matemáticas dan lugar a un mundo grande con una larga expansión. Entonces, ¿quizás vivimos en una rosquilla cósmica?
El universo podría haber nacido de la «nada» durante el cuántico Big Bang, como una pompa de jabón, — sugirió Hawking. Pero los cálculos daban un mundo diminuto que se colapsaría instantáneamente en un punto.
La geometría encontró la salida. Sustituyamos la esfera habitual por una rosquilla tridimensional. La rosquilla, gracias a su agujero pasante, tiene muchas formas de rodearla: se puede hacer un lazo a través del agujero, o rodearla por fuera. Cada uno de estos lazos es un cuántico camino de nacimiento. Cuando los físicos sumaron estas posibilidades, la larga inflación — la expansión ultrarrápida — pasó de ser una rareza a ser casi inevitable. Así la idea de Guth obtuvo apoyo.
Inesperadamente, en los cálculos apareció la función zeta de Riemann — una misteriosa escalera al mundo de los números primos. Resultó que el universo-rosquilla casi con certeza se infla 10¹⁰⁸ veces. La gravedad y las curvaturas del espacio-tiempo no distorsionan el panorama general, y la luz antigua (radiación de fondo de microondas) trae el eco de ese nacimiento.
🎯 En los cálculos apareció inesperadamente la función zeta de Riemann — una misteriosa construcción matemática que vincula la distribución de los números primos con la estructura del universo.