Imagínate: la densidad de energía oscura en el Universo es como el grosor de una finísima crepe en una pila. Los científicos estudiaron los posibles mundos de la teoría de cuerdas y descubrieron que en el 99,95% de ellos la densidad de energía resulta ser exactamente tan diminuta como la que observamos. ¿Por qué tuvimos tanta suerte?
El universo después del Big Bang no solo se expande: la expansión se acelera por la misteriosa energía oscura, descubierta por Adam Riess. El problema es que los cálculos de la física de partículas le dan una energía 10¹²⁰ veces mayor que la observada: el mayor error de la ciencia.
La solución se esconde en la teoría de cuerdas: todas las partículas son diminutas cuerdas vibrantes, y las dimensiones ocultas están enrolladas en ovillos microscópicos. La forma de este ovillo determina las propiedades del mundo, y hay un número astronómico de formas distintas. Leonard Susskind las comparó con una densa rejilla de gofre. Entre miríadas de celdas, casi inevitablemente aparece una con una hendidura insignificante: un vacío con energía pequeña. Una simulación con 532 millones de geometrías mostró que en el 99,95% de los casos, el paso de la rejilla es tan fino que surge naturalmente un valor cercano a cero, sin ajuste fino.
Pero la mayor sorpresa es la escala: el número de vacíos posibles se estima en 10²⁷²⁰⁰⁰, superando la cantidad de átomos en todo el universo visible. Las transiciones entre ellos no son suaves, sino saltos gigantescos, conectando la etapa temprana de inflación (hipótesis de Alan Guth) e incluso el modelo estándar de partículas con las propiedades microscópicas del espacio.
🎯 En una de las geometrías, el número de vacíos se estima en 10²⁷²⁰⁰⁰: un uno seguido de 272 mil ceros, lo que es inconmensurablemente mayor que la cantidad de átomos en el universo visible.