El nacimiento del universo a partir de la «nada» en cosmología cuántica se describe como una transición por túnel. En este trabajo se obtiene por primera vez una expresión analítica para la probabilidad de tal evento en un modelo cerrado, que incluye no solo la supresión exponencial, sino también el factor preexponencial exacto, causado por fluctuaciones gaussianas alrededor del instantón, la trayectoria más probable en tiempo imaginario. Es como un cálculo que considera no solo la altura de la barrera, sino también cómo se curva bajo los pies. Esta estimación refinada proporciona una tasa de nucleación de universos más fiable, eliminando las imprecisiones de enfoques anteriores.
La nada cuántica se asemeja al agua en una olla justo antes de hervir. De vez en cuando, surge espontáneamente una burbuja, pero no de vapor, sino de un universo entero. Esta burbuja no colapsa, sino que se expande en el espacio-tiempo, desencadenando su propio Big Bang. La cuestión es con qué frecuencia ocurre esto.
Los físicos tomaron en serio esta metáfora y calcularon la probabilidad exacta. Para ello, emplearon un truco matemático: convirtieron el tiempo en una cuarta dimensión espacial. Así obtuvieron una fórmula parecida a la que describe el paso de una partícula a través de una pared. Antes solo se tenía en cuenta un número básico, lo que hacía que la probabilidad fuera infinitesimal. Ahora se han añadido las fluctuaciones cuánticas, esas vibraciones caóticas presentes en cada burbuja a nivel cuántico. Ellas transforman una estimación aproximada en un cálculo preciso.
El resultado es una fórmula sencilla donde la probabilidad de que aparezca el Universo de la nada se expresa a través de constantes físicas conocidas. Lo más sorprendente es que, en su estructura, apenas se diferencia de los cálculos para partículas elementales: como si todo el cosmos se comportara como un único y enorme objeto cuántico.
🎯 En la física cuántica, incluso una partícula puede atravesar una pared. Resulta que, desde el punto de vista matemático, un universo entero no es muy diferente: es el objeto «túnel» más grande que los científicos hayan estudiado.