En los primeros instantes tras el Big Bang, la materia y la antimateria deberían haber nacido en igual cantidad. Pero hoy solo vemos materia: estrellas, planetas, nosotros mismos. ¿Dónde quedó la antimateria? Una de las pistas se esconde en partículas casi imperceptibles: los neutrinos diestros. Se suele pensar que, al desintegrarse, crean un ligero sesgo a favor de la materia. El problema es que si estos neutrinos son demasiado masivos, el universo caliente simplemente no pudo generarlos, como un horno que no alcanza la temperatura necesaria.
Los autores del trabajo encontraron un camino alternativo. A un albañil le prohíben construir un muro con bloques enteros porque son demasiado pesados. Entonces toma arcilla ligera, moldea ladrillos más pequeños y los coloca usando una plantilla que reproduce la forma del bloque grande. Aquí, la arcilla es un nuevo campo escalar (una partícula ligera de espín cero), y la plantilla son esos neutrinos diestros. No aparecen en forma libre, pero sus propiedades se manifiestan en el momento en que el campo escalar se desintegra en cuatro partículas a la vez: dos dobletes leptónicos y dos dobletes de Higgs.
La densidad final de bariones coincide con las observaciones en dos escenarios distintos. O bien el campo escalar recalentó el universo tras la inflación (como un hervidor sumergido en agua fría), o bien simplemente se bañó en el plasma caliente, permaneciendo en equilibrio térmico. En ambos casos, se genera exactamente la cantidad de materia que vemos hoy.
Así, la naturaleza pudo sortear su propia prohibición: los neutrinos pesados no nacieron, pero su sombra resultó lo bastante tangible como para llenar el cosmos de luz.
Los neutrinos diestros en este modelo pueden ser mil veces más pesados que la temperatura más alta del universo, algo así como si un adoquín surgiera del vapor sin pasar por el estado líquido.
En la novela 'Anatema' de Neal Stephenson, los científicos manipulan las propiedades del vacío para sortear limitaciones fundamentales, un truco similar al de las partículas virtuales.