En una habitación oscura, una cuenta de vidrio del tamaño de una mota de polvo cuelga de un rayo láser. Debajo hay dos espejos: uno de aluminio y otro de plata. Si cerca pasan axiones —ligeras partículas invisibles que podrían constituir la misteriosa materia oscura—, estos intercambian axiones con los átomos de los espejos y la cuenta se desplaza ligeramente. Ese desplazamiento, mil veces más fino que un cabello humano, es la principal pista.
Cazar axiones directamente es casi imposible: atraviesan la materia como la luz atraviesa el vidrio, sin dejar rastro. Pero cuando dos axiones pasan entre los núcleos de los átomos, surge una atracción apenas perceptible, como si dos personas en una multitud se empujaran los hombros sin mirarse. Los autores del estudio han convertido ese roce fugaz en una señal medible. Su sensor, esa cuenta levitante, oscila entre dos resonadores ópticos ("trampas" de luz), y cualquier fuerza adicional debida al intercambio de axiones divide los picos de la luz que lo atraviesa, igual que un diapasón responde a otro ligeramente desafinado.
El dispositivo cabe en una mesa de laboratorio, pero su sensibilidad rivaliza con la de los gigantescos detectores subterráneos. Comparando la respuesta de la cuenta sobre el aluminio y sobre la plata, los físicos restan el ruido común y aíslan el efecto puro de los axiones. Los cálculos muestran que, para una interacción simétrica con protones y neutrones, el método puede mejorar las restricciones existentes en un factor de cien en el rango de masas de 0,1 a 1 electronvoltio (eV). Es como buscar una moneda no palpando la arena, sino por su débil campo magnético, y encontrarla donde antes no se veía.
La cuenta sigue flotando en la trampa de luz, y los espejos bajo ella esperan a que el viento invisible de axiones agite su superficie. Si aparece la señal, significará que la materia oscura por fin ha dejado de esconderse.
La esfera levitante se mantiene en el vacío solo con luz: ni manos, ni cables, ni aire la tocan. Esto permite medir fuerzas de milmillonésimas partes del peso de la propia mota.
En la novela "La oscuridad bajo el sol" de William Gibson, la materia oscura resulta ser el hábitat de una inteligencia extraterrestre; un detector de axiones podría ser el primer paso hacia ese contacto.