Los científicos simularon cómo un agujero negro dentro de una nube de materia oscura curva la luz. El efecto en las imágenes resultó microscópico, menos del 0.1%. Pero la diferencia en el tiempo de llegada de los rayos (retrasos temporales) aumenta notablemente en los agujeros negros gigantes. Esto sugiere que para buscar materia oscura no solo hay que mirar las imágenes, sino también vigilar el "cronometraje" de los destellos.
La gravedad del agujero negro crea una curvatura del espacio, actuando como una lente: la luz de una galaxia lejana se desdobla, se alarga en arcos. La materia oscura alrededor del agujero prácticamente no altera la imagen, como si al vidrio de una ventana se le añadiera una cortina transparente. Pero la luz de las distintas imágenes llega con retardo, desde minutos hasta años. Y ese intervalo se desplaza ligeramente debido a la sustancia invisible.
Los cálculos muestran que, incluso para agujeros gigantes, el cambio en la imagen es inferior a una milésima de porcentaje. Sin embargo, la diferencia en el tiempo de llegada de los «gemelos» varía en fracciones de segundo, algo que los relojes atómicos pueden detectar.
El tiempo se convierte en la clave del halo invisible. Y aunque las distorsiones de la imagen sean insignificantes, los futuros telescopios captarán desplazamientos de microsegundos. Paradoja: el retardo del propio agujero puede ser tan gigantesco que la luz emprendió su viaje antes de que aparecieran los primeros humanos en la Tierra.
🎯 En 1912, [scientist:Albert Einstein]Albert Einstein[/scientist] predijo que la gravedad curva la luz; el primer anillo de espejismo se encontró recién en 1979 con radiotelescopios.
🎬 En «Interstellar», los protagonistas estudian el agujero negro Gargantúa a través de la luz distorsionada de las estrellas, una escena que reproduce casi a la perfección los cálculos para el M87* real.