La materia oscura podría estar compuesta de reliquias de Planck estables: restos microscópicos de agujeros negros primordiales (ANP) que se evaporaron mediante la radiación de Hawking. Los autores investigaron bajo qué masas y cantidad inicial de ANP tales reliquias no contradicen las observaciones. El resultado clave: si la masa de los agujeros negros originales es de aproximadamente 10³ kg, su evaporación calienta naturalmente el universo, y las reliquias de Planck restantes encajan perfectamente como toda la materia oscura sin necesidad de ajuste fino de parámetros. Es como si un horno cósmico cocinara por sí mismo la cantidad justa de «pan» para la materia oscura. El escenario se puede comprobar mediante ondas gravitacionales, amplificadas por una era de dominación de ANP.
El universo está lleno de invisible materia oscura. Así como una gota de agua al evaporarse deja un cristalito de sal, un agujero negro puede evaporarse y dejar tras de sí un diminuto residuo estable. Esta idea fue desarrollada por Stephen Hawking y Jacob Bekenstein.
Un nuevo estudio comprobó si esos restos de agujeros primordiales, nacidos justo después del Big Bang, podrían haberse convertido en materia oscura. Resulta que si hubiera habido demasiados agujeros ligeros, sus «granitos de sal» se habrían sobreproducido, saturando el cosmos. Pero los agujeros con masas de unos mil kilogramos (como un coche pequeño) se evaporan justo en nuestra época, calentando el Universo de paso, y sus restos coinciden exactamente con la materia oscura actual.
Mientras estos agujeros se evaporaban, amplificaban fluctuaciones aleatorias de densidad, generando un potente fondo de ondas gravitacionales, ondulaciones en el espacio-tiempo. Detectores terrestres y espaciales, en cuyo desarrollo participó Kip Thorne, pueden captar este eco. Si la señal se confirma, entenderemos que la materia oscura es un puñado de «sal» de antiguos agujeros negros.
🎯 Los agujeros negros primordiales pueden pesar tanto como una montaña y ser más pequeños que un átomo.