Se investigó la formación de agujeros negros a partir del crecimiento no lineal de perturbaciones primordiales en la era de dominio de la materia. La materia oscura fría se modela como polvo; el colapso se describe mediante soluciones de Lemaître–Tolman–Bondi y modelos cuasi-esféricos de Szekeres como perturbaciones exactas del modelo plano ΛCDM. En el primer orden de teoría de perturbaciones, el modo creciente se expresa a través de la curvatura invariante de norma conservada R_c (potencial de 3-curvatura). Esto permite expresar la masa gravitacional activa y las funciones de curvatura en términos de los valores iniciales de R_c y sus derivadas espaciales. A partir de estos datos se obtienen los tiempos de máxima expansión, colapso y formación del horizonte aparente, así como las condiciones de regularidad. Se muestra que los perfiles sinusoidales y gaussianos no conducen a la formación de agujeros negros, a diferencia de los picos anchos compensados predichos por la teoría de picos. Se estimaron los tiempos de formación de embriones de masa 10³–10⁶ M☉ mediante colapso directo: formación completa a z > 5, inicio del colapso del núcleo a 10 ≲ z ≲ 16.
Solo unos pocos cientos de millones de años después del Big Bang, en el océano invisible de la materia oscura ya se estaban formando gigantescos agujeros negros. Nacían de la materia misma, sin ayuda de estrellas. Este mecanismo, basado en las ecuaciones de Lemaître, explica su aparición temprana. El secreto principal está en la forma. Solo las acumulaciones suaves y amplias, semejantes a una colina suave, pueden colapsar en un agujero. Los picos afilados o los bultos irregulares simplemente se dispersan. En el lugar adecuado, la curvatura del espacio-tiempo se vuelve tan intensa que la materia cae inexorablemente hacia adentro. Los cálculos muestran: estos colapsos ocurrían cuando el universo tenía entre uno y tres mil millones de años, y generaban agujeros con masas de miles a millones de soles. Esto explica la existencia de agujeros negros supermasivos apenas mil millones de años después del nacimiento del universo. Un giro inesperado: el destino del colapso —si se contraía en un punto, se alargaba en un filamento o se aplanaba en un disco— dependía de los movimientos más diminutos de la materia. Este 'baile' de la materia oscura determinó el aspecto futuro de las galaxias, pues los agujeros resultantes se convirtieron en las semillas alrededor de las cuales crecieron los sistemas estelares que conocemos.
🎯 Los primeros agujeros negros no nacieron de estrellas moribundas, sino directamente de la invisible materia oscura. Su colapso fue desencadenado por la gravedad, y para ello bastaba con tener la forma 'colinosa' adecuada.