Entre los bloques de hielo que vagan por el vacío hay viajeros especiales: los cometas interestelares. Nacieron alrededor de estrellas lejanas y, por casualidad, llegaron a nuestra vecindad. Uno de ellos, 3I/ATLAS, quedó bajo la mira de los telescopios cuando se acercaba al Sol. Su material —gases congelados y polvo refractario— comenzó a evaporarse, dejando tras de sí una cola luminosa.
Los autores del estudio reunieron todas las mediciones disponibles de cuánto gas y polvo expulsaba el cometa en diferentes momentos. Luego construyeron un modelo sencillo: imaginaron que el cometa es un bloque de hielo que se derrite y calcularon cuánto disminuye su radio por la pérdida de material. Para el gas obtuvieron de 1,3 a 5,5 metros; para el polvo, más de diez metros con una proporción típica de polvo a gas. Todo esto es solo una fina costra en comparación con el tamaño del núcleo.
Este método no requiere mirar dentro del cometa: basta con seguir su "adelgazamiento" en diferentes tramos de la órbita. Sabiendo a qué profundidad se encuentran ciertos hielos, se puede entender cómo están mezcladas las capas en el núcleo. Es como leer la historia del cometa a través de los cortes que él mismo va dejando al descubierto, exponiendo sus flancos al calor solar.
El cometa interestelar 3I/ATLAS fue descubierto por el telescopio ATLAS en Hawái solo unos meses antes de que se hiciera visible para los astrónomos aficionados.
En la novela de Arthur C. Clarke "Cita con Rama", un objeto interestelar resulta ser una nave artificial, pero 3I/ATLAS es definitivamente un bloque de hielo natural.