La espectroscopía JWST/NIRSpec permitió detectar el cuásar UDS-27023 con un corrimiento al rojo z=4.556. Su espectro muestra una absorción extremadamente pronunciada en el ultravioleta lejano (A1500/AV ≈ 8) y la ausencia de la banda a 2175 Å, lo que es característico del predominio de pequeñas partículas de polvo de silicato. Esto se interpreta como una prueba de la activa generación y reprocesamiento de granos pequeños en el entorno del cuásar: las ondas de choque y los flujos de salida pueden destruir mecánicamente los granos grandes, mientras que los densos vientos sirven de medio para la condensación directa de silicatos. Los cuásares similares con absorción pronunciada (SEQs) probablemente marcan una fase breve en la que los núcleos galácticos activos producen y dispersan polvo fino, creando las condiciones para un rápido crecimiento de los granos en el medio interestelar y el enriquecimiento del medio circumgaláctico.
Con ayuda del telescopio James Webb, los astrónomos se asomaron a un antiguo cuásar — el deslumbrante corazón de una galaxia, donde un agujero negro gigante succiona materia. Resultó que no solo destruye, sino que también crea: sus potentes chorros y ondas de choque actúan como un auténtico molino cósmico. Trituran las partículas de polvo cósmico hasta convertirlas en un polvo finísimo — igual que la arena común, solo que molida a tamaños microscópicos.
Y aquí viene un giro inesperado: el telescopio no detectó una característica espectral distintiva que revela el polvo de carbono, el cual es casi omnipresente. Parece que este molino está ajustado de forma selectiva: solo procesa silicatos, ignorando el carbono.
🎯 La luz de este cuásar viajó 12.500 millones de años antes de alcanzar el telescopio. Lo vemos tal como era apenas 1.300 millones de años después del Big Bang.